Hasta hace poco, yo misma creía que nuestros perros nos tenían que obedecer solo por ser eso, nuestros perros. Tardé en darme cuenta de que, en este sentido, la convivencia con nuestras mascotas era un poco mas complicada…
Del equipo dueño-perro, nosotros somos los más inteligentes y por eso debemos tomar las riendas de la relación y elegir cómo va a ser. Claro que otros sistemas funcionan igual de bien, pero en ellos la relación se establece de otra forma. En positivo, el perro confía en ti y no te teme, porque tus decisiones serán coherentes.
Eso no quiere decir que no necesitemos normas y que éstas se tengan que cumplir. Las normas son más que necesarias en la relación con nuestra mascota pero ¿podemos imponerlas sin hacerlos daño? ¡Yo defiendo que si!
¿Conocéis los programa Supernanny o Hermano mayor? En ambos se trata con niños y adolescentes muy problemáticos a los que se les enseña a aceptar y adoptar normas de convivencia con sus familias. Y en ninguno de ellos se usa la fuerza; ni tan siquiera se grita. ¿No podemos hacer un esfuerzo y hacer lo mismo con nuestras mascotas?
Cuando enseñas algo a un perro usando premios de comida, éste asocia el aprendizaje con algo bueno y estará encantado de repetir sesiones de trabajo con su dueño. No se bloqueará cuando no sepa algo porque no recibirá un castigo por ello y sabrá diferenciar cuando hace lo que esperas de él y cuando no.
El éxito de este sistema es sobre todo ese, la claridad con que el perro recibe la información de lo que es correcto. Pero los premios se deben usar principalmente solo para eso, para enseñar algo nuevo o para condicionar la respuesta del perro hacia algo.
El resto del tiempo no debemos premiar con comida al perro por lo gracioso y simpático que es o porque nos lo pida, debemos empezar a pedir cosas al perro a cambio de cada cosa que le guste. Eso nos coloca en la posición de dominio de la situación y es muy positivo para nuestra relación. Por ejemplo, antes de comer tiene que estar tranquilo y respetar su plato; antes de tirarle su juguete se tiene que sentar; etc.
¿Y qué hacemos cuando hacen algo que no nos gusta?
La clave para eso es comunicarnos con ellos del modo más parecido a como lo hacen los perros entre si: utilizando, sobre todo, el lenguaje corporal. Los perros responden muy bien y rápido a este tipo de comunicación porque es mucho más clara y conocida para ellos que las palabras. Ellos entienden perfectamente la palabra “no”, pero si la has usado a menudo sin hacerte obedecer, no te tomarán muy en serio.
La confianza, la tranquilidad y la seguridad son tu mejor arma. Ellos saben cómo nos sentimos en cada momento y la inseguridad y frustración es un símbolo de debilidad.
Eso no quiere decir que no necesitemos normas y que éstas se tengan que cumplir. Las normas son más que necesarias en la relación con nuestra mascota pero ¿podemos imponerlas sin hacerlos daño? ¡Yo defiendo que si!
¿Conocéis los programa Supernanny o Hermano mayor? En ambos se trata con niños y adolescentes muy problemáticos a los que se les enseña a aceptar y adoptar normas de convivencia con sus familias. Y en ninguno de ellos se usa la fuerza; ni tan siquiera se grita. ¿No podemos hacer un esfuerzo y hacer lo mismo con nuestras mascotas?
¿Y qué hacemos cuando hacen algo que no nos gusta?
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