Soy un perro. Uno sin más, de esos que viven en las aldeas, de esos que están casi siempre en la calle, durmiendo al sol casi todo el día sobre el duro suelo esperando que algo me llame lo suficiente la atención para ponerme en marcha e investigar. Tengo un montón de amigos y algún que otro peludo al que no soporto, pero me tengo que aguantar. No merece la pena pelearse con ellos, luego las heridas tardan en curar y las perritas guapas te prefieren en plena forma, ya sabéis.
| Foto: Cynthia Garcia |
En las aldeas nos dan un poco de pena los perros de ciudad. Con todos sus lujos y comodidades, pobrecillos, la mayoría de ellos han olvidado como relacionarse con los demás perros, y yo creo que hasta alguno olvidó que es un can. Todo el tiempo rodeados de humanos, sin correr libres por el campo, sin jugar con otros compañeros, sin conocer chicas guapas. Atados con sus correas de colores sin poder ir más allá del final de esa cuerda.
No me extraña que luego ladren por todo y no paren de girar y correr detrás de su cola. ¿Y qué queréis que hagan? Su mundo ha desaparecido para ellos. Sus ancestros pasaban toda su vida en el exterior, relacionándose libremente con todo lo que se podían encontrar: otros perros, otros animales, mucha gente. Sabíamos cual era nuestro lugar, nos peleábamos poco y seguíamos a nuestros amos sin necesidad de correas. Esos perros tenían trabajos, como cuidar de las ovejas o vigilar el hogar.
Ahora pasan casi todo el día solos, y cuando sus dueños regresan a casa lo hacen casi siempre estresados, a lo que ellos han aprendido a responder con más nervios. Cuando salen fuera les dan tirones cuando se acercan a algo que les interesa o llama la atención, cuando se acerca otro perro o cuando alguien les quiere saludar. Al final aprenden que todas esas cosas son malas para ellos y se convierten en peludos guapos y cuidados pero alejados de todo aquello que los hace perros.
Sus dueños los quieren mucho, pero no pueden imaginar que lo que más necesitan sus amigos peludos es precisamente seguir siendo perros, relacionarse con su especie, interactuar con la naturaleza, seguir a su líder y respetar unas normas muy claras.
Creo que prefiero seguir siendo un perro. Uno sin más, de esos que viven en las aldeas.
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